Tras la victoria de hoy en Getafe por cero goles a dos (ya era hora de sumar tres puntos en ese estadio hasta hoy casi maldito) el equipo más grande de Andalucía de ayer, hoy y siempre se coloca con 23 puntitos en la tabla, los mismos que lucen el polvo de estrellas y ese Valencia de Emery que nos visitará de aquí a seis días y a tan sólo dos del Villarreal, un equipo que dicen por ahí es una máquina de hacer fútbol (lleva la tira de partidos sin perder).

Bueno pues lo tenemos a dos puntitos.
No está nada mal la cosa, habida cuenta de que este de Getafe ha sido el noveno partido consecutivo que afrontamos plagaditos de ausencias. Hoy en el sur de Madrid, de nuevo nueve bajas.
Pero esto no tiene importancia. ¿No habíamos quedado en eso?
El partido no fue bonito, claro que no. Lo bonito es mirar la tabla y ver dónde está colocado el Sevilla FC, repito, tras una racha de nueve partidos consecutivos cuajaditos de bajas.

San Andrés Palop volvió hoy a regalarnos puntos. Mosquera cometió un ilógico penalti (es el tercer penalti ridículo que regalamos al rival) pero el capitán sevillista es experto auténtico en detener lanzamientos desde los once metros. El colombiano estuvo mal, concediendo demasiadas llegadas a su par, metiéndose demasiado en el eje de la zaga y protagonizando ese penalti incomprensible. En la segunda parte estuvo algo más aseadito, pero su partido fue bastante malo en líneas generales.
Ya vendrán mejores.
Lo de los árbitros es algo digno de estudio. El domingo pasado el Recre se tuvo que quedar con nueve y Mejuto perdonó dos amarillas alucinantes. Lo de hoy en Getafe es algo por la misma cara: ¿me puede alguien explicar como se puede dejar sin sancionar con amarilla la impresionante mano de Granero en el minuto 16 de la segunda mitad?
Y mira que Delgado Ferreiro no estuvo mal del todo. Pero esa decisión a todas luces insólita y, por supuesto, perjudicando al Sevilla, habla bien a las claras, una vez más, del nivelito del arbitraje hispano. Eso sí, si esa mano hubiese sido protagonizada por un jugador sevillista ya amonestado previamente se va a la calle sí o sí.
El gol de Luis Fabiano fue una magnífica demostración de calidad, tanto en su ejecución como en la asistencia de Rotring Romaric. La líneas que tira su pierna zurda son perfectas.
El partido lo mató Tom de Mul con su primer tanto en Liga desde que está con nosotros. Buen gol, por su velocidad, por su decisión a la hora de pelear por ese balón que había quedado sin dueño tras el choque de Maresca con un rival y por su calidad en la definición.

Veintitrés puntos en la tabla, los mismos que el polvo de estrellas y el Valencia, a dos del Villarreal. El equipo menos goleado, con sólo ocho tantos recibidos ( y de esos ocho seis se reparten en los partidos frente a Sporting y Vallladolid).
Perfectamente posicionados para afrontar ahora los enfrentamientos con los otros grandes de la Liga.
Atención a Navas y a Fernando Navarro ya que ambos están con cuatro amarillas. Será difícil que no se pierdan uno de los cuatro partidos importantes que tenemos de forma inmediata (Valencia, Barcelona, Madrid y Villarreal; todos, menos el del Bernabéu en nuestra Fábrica de Sueños)
Llega el momento de pelear doce puntos frente a nuestros rivales directos. Esta semana no hay partido oficial, pero si tenemos el martes en Jaén el Trofeo del Olivo, para echar un cable al equipo titular de la capital del Santo Reino.
Ya hasta el sábado. Nervión debe ser una fiesta para recibir al Valencia. Y si echamos la persiana (ojalá) de una vez y por todas a la interminable racha de lesionados que tiemblen los otros grandes del fútbol español.
Que tiemblen. Si es que no están temblando ya.




El Sevilla no varía el guión. Parece que los hombres de Manolo Jiménez aplican al pie de la letra las consignas dadas en el vestuario. Un domingo más los nervionenses estuvieron infranquebles atrás y ganaron el partido sin forzar la máquina, esperando que cayeran las ocasiones, que uno de sus desequilibrantes hombres de arriba marcara las diferencias. Así, sin pisar el acelerador en ningún momento, el Sevilla goleó al Athletic guiado por la inspiración de un Jesús Navas que está en estado de gracia y que facilitó una nueva victoria, que completa la mejor racha de imbatibilidad del equipo en Liga, hecho histórico que confirma el magnífico trabajo de Manolo Jiménez.
El Sevilla es posiblemente uno de los equipos más previsibles que hay hoy en día en la Liga. Ello no es óbice para que los hispalenses se muestren intratables. Ya son seis las jornadas de Liga y seis partidos sumando. También son seis los choques consecutivos sin encajar un gol... Los números no engañan, el Sevilla es una roca prácticamente impenetrable. El Athletic comenzó mejor, tocando bien, dominando el juego, pero sin ocasiones, porque los locales no concedían ni un solo espacio. Así se desarrolló el choque hasta que Navas comenzara su particular show, robándole la cartera a un contrario, colándose en el área y dejándosela en bandeja a Kanouté. Con el 1-0 todo cambió. Los vascos bajaron en cierto modo los brazos, los hispalenses se fueron arriba y Navas se creció regalándole a Renato un centro expléndido para hacer el segundo.
Tras el descanso el choque entró en una fase de cierto estancamiento, sólo amenizado por los detalles de Navas, que dio la tarde a los zagueros bilbainos. Los cambios reactivaron al equipo, Adriano, que había sustituido a Capel, hizo el tercero en una contra tras ser asistido hábilmente por Maresca y Chevantón, de nuevo Chevantón, cerró la cuenta, finalizando una buena acción personal y rentabilizando otra vez los minutos que dispone. 

Adriano se fue como una moto por la siniestra, dejó sentado a su par con un recorte hacia adentro y la puso en la frontal con un pase demasiado fuerte, aunque nada que Kanouté no pudiera solucionar. El espigado delantero amortiguó el cuero con una maravillosa maniobra y se la cruzó a Ochs sin que este se diera cuenta de la centelleante acción, no por veloz privada de suma elegancia. Ahí terminó el choque de todas, todas, porque si el Salzburgo había sido incapaz de poner cerco con contundencia al arco de Palop con la moral de la remontada dándole alas, sabiendo que tenía que hacer cuatro para pasar a la siguiente ronda inconscientemente dejó de creer en el milagro.
En la segunda parte, con espacios, el Sevilla comenzó a disfrutar de ocasiones desde el comienzo, con un Navas muy activo y un Renato tremendamente clarividente en la mediapunta. Navas y Adriano tuvieron el tanto en sus botas pero fue de nuevo Kanouté quien amplió el marcador, esta vez desde los once metros, después de ser él mismo objeto de un claro penalti, cuando recepcionaba un virtuoso taconazo de Navas que le había dejado solo.